jueves, 7 de abril de 2016

Cero.

A ti que nunca exististe, a ti que llegaste a ser un sueño. A ti que fuiste mi héroe, los únicos brazos en los que podía sentirme segura. A ti que rompiste mi sueño y me destrozaste día tras día entre tus brazos hasta reducirme a ser un cuerpo errante. A ti, debo decirte que te odio. Te odio tanto que podría destruirte con mis propias manos sin sentir remordimiento. A ti, presencia molesta, no te soporto y duele. Duele porque me gustaría poder quererte. Duele porque me gustaría poder tenerte. A ti que tantas veces me hiciste daño pero que no me dolerás cuando te vayas.  Me gustaría luchar por ti, por tu vida, por tu eterno reposo. Llegar a ser un Wilfrid en busca del litoral que te arropará por siempre. Pero no es así, nunca sera así. Seré feliz cuando te vayas, me sentiré al fin libre. Estaré segura de tus palabras, de tus manos, de tus gestos, de ti. No habrá lágrimas en mis ojos ni nostalgia en mi corazón. Jamás te llevaré flores y nunca mi dolor regará tu tumba. Porque no te tengo ni me tienes, entiéndelo. Desapareciste hace tiempo y, ahora, yo no soy nada para ti y tú, no eres nada para mí. 

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