sábado, 26 de marzo de 2016

Acero.



No estoy loca. No, no estoy loca. El pez rojo de mi hermano lo confirma. ¿Estoy loca? Le pregunto y él, nada. ¿Ni un poquito? Nada. 

Te miro y no puedo parar, me asustas tanto que empiezo a temblar. El mundo se derrumba en el espejo y los colores se disuelven a lo lejos. ¿Dónde estoy? ¿Dónde estás? ¿A dónde te vas? Te veo, huyes, corres, ¿Qué es lo que te ocurre? Soy yo la que tiene miedo, yo la criatura sin consuelo. 

¿Por qué ni siquiera me miras? Mírame, atrévete a mirarme. Soy los ojos que una vez amaste, esa cara que tantas veces destrozaste. Cállate y escucha, escucha como late, siente como lucha el corazón que un día mataste. No es silencio el de mi pecho, no hay dolor y eso es un hecho.

Por favor, estate quieto, no quiero hacerte daño, no hay rencor en mis abrazos. Porque podría asfixiarte si quisiera como tantas veces me asfixiaste y podría encerrarte hasta que te mueras de agonía. 

Gritarías, de miedo y de angustia, el terror se haría contigo y romperías a llorar con la esperanza de ablandar mi corazón. Pero a ti no te importaba que llorara y nunca te importó hacerme daño porque nunca te importé. 

Y ahora huyes como el cobarde que siempre fuiste. Enfréntame, mírame bien y enfréntate. Recorre con tu mirada mis cicatrices, palpa mis heridas con tus manos, yo no me inmutaré. 

Me has hecho inmortal, ¿has visto? Porque tras morir por ti un millón de veces, esta vez me quedaré aquí para siempre. Soy más fuerte que tú, gusano inmundo, y te asusta, siempre te asustó que pudiera darme cuenta. Y ahora que lo sé quiero amarte hasta destruirte. 

Me basta con besarte tan solo una vez más, así que deja de correr, rata de dos patas, ya no hay escapatoria. Me he vuelto invencible y estoy a punto de vencerte.

Te tengo, te estrujo, te ahogo, 

te beso.


No hay comentarios:

Publicar un comentario