en un país que no era el de sus padres
pero que su corazón convirtió en suyo.
Nacía, crecía, moría,
con una lengua que no hablaban sus abuelos,
pero con la que era capaz de hacer poesía.
Nacía, crecía, moría,
sin el mismo pasado que el de los de esas tierras
pero que, aun así, sentía parte de su historia.
Nacía, crecía, moría,
envuelta en papeles que la tachaban de extranjera,
pero que solo con dinero podría haberlos destrozado.
Nacía, crecía, moría,
rodeada de prejuicios y miradas inquisitorias,
pero que con solo fingir no ser de fuera podría haber evitado.
Nacía así, una niña lejos de una tierra que tendría que haber sido suya. Crecía la chica en tierras que amaba con locura y que con cariño la criaron, y moría como mujer en un lugar que tornó su propio hogar a pesar de que el mundo se empeñara en desahuciarla.

Y mi corazón siempre será del lugar en que nací, y mi sangre extranjera se fundirá con esas tierras en las que crecí sin que ningún papel pueda relegarme a ningún otro sitio. Y así, será mi corazón el que hablará con aquellos que se preguntan de dónde soy. "No lo sé", diré yo y mis latidos rugirán como volcanes, contestando fuerte y con orgullo: "De Lanzarote, soy de Lanzarote".
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