domingo, 28 de febrero de 2016

Te quiero.

No te quiero y nunca volveré a quererte, pero te quise, ¡Oh, si te quise!
Te quise tanto que no podía hacer otra cosa que quererte; tú también me querías y querías que fuésemos "nosotros" y no sencillamente "tú y yo". Yo quería que así fuera y así se lo dije al cura y así se lo dijiste, yo de blanco y tú de celeste porque querías sorprenderme vistiéndote de cielo para volar conmigo eternamente. Y lo quise y nos quisimos, y me quisiste demasiado. Y querías que mis manos te tocaran solo a ti y que mis labios fueran de tu boca. Y quisiste querer que fuera tu princesa y yo estaba encantada de que fueras mi príncipe aunque no fueras perfecto. Y entonces me querías y te quería y no te gustaba que saliera con mi vestido rojo, por eso teñiste mis ojos de violeta aquella vez. Y querías que te quisiera y me rompiste el corazón en un abrazo, y me besaste tan intensamente que empecé a saborear la muerte. Pero yo sé que me querías y lo veo cada vez que cierro los ojos, cuando querías que te quisiera para siempre, y tenía que quererte para siempre. Y me miraste y me dijiste que me amabas antes de convertir nuestra casa en un infierno y las llamas consumieran nuestros recuerdos porque pensabas que morir juntos era la mejor forma de querernos. Pero sigo aquí, querido mío, y puedo abrir mis ojos sin temor a encontrarme con los tuyos para decirte que te odio porque no te tengo miedo. Ya no.


viernes, 19 de febrero de 2016

Ser.

Nacía, crecía, moría
en un país que no era el de sus padres
pero que su corazón convirtió en suyo.

Nacía, crecía, moría,
con una lengua que no hablaban sus abuelos,
pero con la que era capaz de hacer poesía.

Nacía, crecía, moría,
sin el mismo pasado que el de los de esas tierras
pero que, aun así, sentía parte de su historia.

Nacía, crecía, moría,
envuelta en papeles que la tachaban de extranjera,
pero que solo con dinero podría haberlos destrozado.

Nacía, crecía, moría,
rodeada de prejuicios y miradas inquisitorias,
pero que con solo fingir no ser de fuera podría haber evitado.

Nacía así, una niña lejos de una tierra que tendría que haber sido suya. Crecía la chica en tierras que amaba con locura y que con cariño la criaron, y moría como mujer en un lugar que tornó su propio hogar a pesar de que el mundo se empeñara en desahuciarla.
Y mi corazón siempre será del lugar en que nací, y mi sangre extranjera se fundirá con esas tierras en las que crecí sin que ningún papel pueda relegarme a ningún otro sitio. Y así, será mi corazón el que hablará con aquellos que se preguntan de dónde soy. "No lo sé",  diré yo y mis latidos rugirán como volcanes, contestando fuerte y con orgullo: "De Lanzarote, soy de Lanzarote".